31/12/2011

“La construcción europea es neoliberal”, Entrevista a Enrique Arceo en la publicación argentina Página 12.

(REPRODUZCO LA TOTALIDAD DE DICHA ENTREVISTA)

¿La respuesta neoliberal de Europa frente a la crisis es reflejo de la hegemonía del sector financiero?

–En realidad Estados Unidos es el que tiene un bloque dominante absolutamente cohesionado por el sector financiero. La contrapartida de su crecimiento asentado en las finanzas, en un contexto de caída de la inversión y aumento de los beneficios, fue el consumo de los hogares a través del endeudamiento. El creciente déficit externo creó oportunidades en países excedentarios como China, el Sudeste Asiático, Japón y Alemania. Es decir que la demanda en Alemania no vino de los instrumentos creados por el capital financiero (como en el caso estadounidense), sino desde el sector externo. Alemania trasladó la parte intensiva de sus industrias al este de Europa, con lo cual controló los salarios, aumentó su competitividad y se articuló con China y Estados Unidos. Mientras, los bancos alemanes y franceses financiaron al resto de Europa, que en general tiene una creciente desventaja competitiva respecto de Alemania. En esos países sí se generó un fenómeno parecido al norteamericano, porque su crecimiento productivo está bloqueado y recurren a modelos de expansión financiera, con creciente déficit externo. Sucede que Estados Unidos tiene la Reserva Federal y el Tesoro. En cambio, la construcción europea es neoliberal, ya que el Banco Central Europeo (BCE) no tiene otra función que controlar precios y tiene prohibido financiar a los Estados.

Entonces en Alemania, que hegemoniza Europa, no domina el capital financiero.

–El sector financiero está muy preocupado con esta situación, porque un default lo funde. Pero el eje de acumulación alemán no es el capital financiero. Las finanzas dominan a nivel mundial a partir de la hegemonía norteamericana, pero eso no se da con el mismo peso en todos los países.

¿Qué salidas tiene esta crisis?

–Como dice Paul Krugman, la inflación en Alemania equilibraría la economía europea, o el BCE podría garantizar las deudas de los países en crisis. Ambas salidas chocan con el proyecto alemán, que es disciplinar a la clase obrera europea, desarmar los Estados de Bienestar y crear una gran plataforma de exportación. Eso explica por qué Alemania rechaza toda salida que no esté íntimamente ligada a un ajuste cada vez mayor. Alemania necesita el ajuste, y creo que ese proyecto se devela crecientemente incompatible con la democracia. Por eso la conservación del euro representa el éxito del ajuste alemán. Si les sale bien, habrá dentro de diez años una Europa mucha más desigual, orientada hacia la exportación, y más desligada de Estados Unidos, con el cual va a entrar en competencia.

La guerra de monedas y la exacerbación de la competencia internacional no pareciera ser un fenómeno coyuntural.

Estados Unidos no tiene otro remedio que incrementar sus exportaciones para enfrentar a China, mientras que Europa también tiene ese proyecto, en un contexto de caída de la demanda mundial. Además, hace crisis el sistema político. Los descontentos se van a la derecha, algo que en la anterior crisis terminó en el fascismo. Creo que se abre una nueva fase de la economía mundial, donde el avance de China presiona sobre los salarios en el centro. No es casual que allí el crecimiento sea 4 veces menor que en la periferia y que en Estados Unidos la mediana de los salarios sea más baja que en 1974. Esto es difícil de sostener en el largo plazo.

¿Cómo evalúa la respuesta a la crisis de parte de Estados Unidos?

–Cuando estalló la crisis todos se volvieron keynesianos, porque frente al riesgo de la caída en un pozo de la economía mundial recurrieron al único elemento que tenían a mano. Pero fue un keynesianismo centrado en la ayuda al sector financiero. En 2010, las finanzas retomaron su ofensiva diciendo que la expansión podría llevar a un incremento de la inflación. Hay un mito que dice que la inflación golpea a los sectores populares y en realidad afecta al capital financiero, porque su capital es dinero. La hegemonía de las finanzas se ha traducido en una política de control de la inflación, por eso el keynesianismo es un enemigo.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/subnotas/5695-1011-2012-01-02.html

Enrique Arce. Investigador del Área de Economía y Tecnología de FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) (sede Argentina) e integrante del Comité Editorial de la revista Realidad Económica