Pie de foto: “Verano”, Joaquín Sorolla, 1904

Un día cualquiera en las playas de Trípoli: la gente disfruta de un baño en el mar, los niños juegan en la orilla, las mujeres están debajo de la sombrilla mientras los hombres van a comprar el pescado a los puestos de comida cercanos…

Un día cualquier en las playas de Trípoli. Al mediodía, los rayos bombardean la arena ardiente sobre la cual saltan un grupo de niños, alejándose de las toallas y del hormigueante quemazón instalado en la planta de sus pies. A la carrera, así huyen del despiadado ataque de los rayos solares, y así cargan contra la envestida de siglos del Mediterráneo: a pecho descubierto. Las niñas, sentadas en el filo, allí donde las olas besan los dedos de sus pies desnudos, sonríen al ver esta muestra de incipiente engreimiento masculino, arropadas en sus vestidos, la tela completamente empapada tras el baño reciente en el mar: la religión se lleva puesta aquí. Las mujeres se bañan vestidas. Las niñas también. Y ahora las niñas sonríen. Es una batalla perdida, ese es el mensaje en clave oculto tras la sonrisa. ¿Una batalla contra el mar? ¡Tontos! ¡Tontos! Pero los niños están a lo suyo, pelándose entre ellos con aguadillas por la espalda y ráfagas de agua ametrallada y propulsada con las manos. Eso sí, algunos ya las miran de reojo, como pequeños soldados dispuestos a ganar su primera medalla de honor en el amor de Salwa o de Faraj o de Hoda.

Más allá, playa adentro, debajo de una sobrilla, Hana también sonríe al ver a dos de sus hijas allí, en sus bocas la misma sonrisa que han heredado de su padre, allí, embelleciendo un rostro heredado de ella, igual que ella lo heredó de su abuela. La tradición se lleva a la playa también. Lo que son, lo que han sido y lo que serán. Es entonces cuando la brisa arremete con violencia contra el pañuelo que cubre su pelo (la belleza de su cabello, oculto, una belleza reservada, secreta) y refresca este instante donde todo casi parece perfecto. No tenían de lubina, dice su marido mientras se sienta en la silla de plástico que le han alquilado, una vez más, a Mohamed. La arena acoge con suavidad las bayonetas de punta roma de las cuatro patas de la silla. Ella mira la hoja de periódico donde se amontonan la docena de albóndigas de pescado. Casi perfecto. ¿Algo va mal?, dice él, Ya no le quedan de lubina. Ahora ella le mira a él. La figura oronda de su marido, con todos esos pliegues de carne rolliza que rodean la camiseta de tirantes, le recuerda la imagen de un tanque, su nariz como un amenazante cañón, su enorme orificio nasal dispuesto a respirar de golpe este instante casi perfecto. Yo no tengo la culpa, Hana. Bueno, ya sabes que a Hassan tampoco le salen nada mal las de atún, además las he pedido sin perejil como a ti… Ella le interrumpe: ¿Oyes eso? La nariz de él husmea donde no llega su odio. ¡Hay mucha gente en la playa! Como quieres que distinga… Y ella de nuevo: Ahora, ¿lo oyes? Por un momento, él cree que se refiere al sonido de un avión, de uno de esos bombarderos de metal forjado en el infierno, y tiene el impulso de tomar de la mano a su mujer y de gritar el nombre de sus dos hijas y… Entonces… Él… lo escucha, por encima del murmullo de miles de voces, allí, todos, divirtiéndose, como cualquier otro día, allí, él escucha, por fin, el estallido sonoro de una guerra de siglos, la batalla de una nueva ola cuando alcanza la orilla de la playas de Trípoli…

Vamos a darnos un baño antes de comer…

Y él toma la mano de ella y se encaminan al lugar de donde procede aquel sonido, al mediodía, aquí, donde los rayos bombardean la arena ardiente sobre la cual saltan él y ella, como cuando eran novios, hace mucho tiempo atrás, alejándose de la sombrilla y de la silla de plástico blanco que le han alquilado a Mohamed, así, ellos, con gratitud, hieren al Mediterráneo donde más le duele, en la inalcanzable humanidad que nunca poseerá y que ha rozado por los siglos de los siglos los cuerpos de sus habitantes.

Un día cualquiera…

Un día cualquiera en las playas de Trípoli… Hoy mismo, ahora mismo, en Trípoli: La vida.

http://edition.cnn.com/video/#/video/world/2011/07/22/watson.libya.cost.of.war.cnn?iref=allsearch